jueves, 15 de diciembre de 2011

El SSOT- FASAT-Charlie un satélite chileno de aplicaciones civiles operado por la Fuerza Aérea, con un futuro incierto

A continuación, publico una Carta enviada (y no publicada) al Diario El Mercurio durante Noviembre pasado por el Ingeniero Forestal, Roberto Castro Ríos, Máster en Ingeniería y Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña (2006-2008). Doctorado en Cartografía, Teledetección y SIG. Universidad Alcalá de Henares. España (1992- 1994). Asesor de la Agencia Chilena del Espacio (2005-2009). Profesor de la Universidad Católica de Temuco y de la Universidad de Santiago. A partir de Agosto de 2011, ocupa la Dirección Técnica del Centro Nacional de Información Aeroespacial CENIA – Chile (www.cenia.cl )

El SSOT- FASAT-Charlie un  satélite chileno de aplicaciones civiles   operado por la Fuerza Aérea, con un futuro incierto.
Se espera que el próximo mes de diciembre  sea lanzado el satélite chileno denominado  SSOT Fasat-Charlie desde el puerto espacial europeo de la Guayana Francesa, con el  segundo cohete Soyuz que será disparado desde Kourou (Misión VS02).
Este lanzamiento tendrá una  carga compuesta por el satélite chileno y cinco satélites franceses, dentro de los cuales destaca como carga principal el satélite Pléiades de observación óptica de alta resolución y perteneciente a la Agencia Francesa del Espacio (CNES) y cuatro cargas suplementarias francesas del tipo Elisa, microsatélites de inteligencia electrónica (ELINT).
Todos esperamos que el esfuerzo que el país está realizando se materialice con éxito y contemos con los datos de alta resolución espacial (1,45 m en el rango pancromático y 5,8 m en el rango multiespectral) para generar ciclos de información para los distintos campos productivos que la requieren, como el silvoagropecuario, minero, pesquero, transporte entre otros y para la gestión eficiente de los recursos territoriales que realizan las instituciones públicas y privadas, impactando así, directamente en el desarrollo del país, principal objetivo que fue asignado al SSOT y que justificó los 72,5 millones de dólares de su compra y que justifican los costos operativos de su explotación.
El SSOT es una iniciativa impulsada desde la ex – comisión asesora presidencial, denominada “Agencia Chilena del Espacio” en conjunto con las Fuerzas Armadas y especialmente con la Fuerza Aérea de Chile, iniciativa que dio origen, en primer lugar, al proyecto  satelital denominado Aurora, impulsado por el presidente de la Agencia en el año 2005, el subsecretario Sr. Carlos Parra y que posteriormente siguiera el subsecretario Sr. Raúl Vergara, en su calidad de presidente de la misma a partir del año 2006, dando paso al satélite SSOT y cuya autorización de compra fue dada por la presidenta Sra. Michelle Bachelet, en el entendido que su misión era civil-militar, reconociéndose así el esfuerzo conjunto que se había realizado.
Después de dos años de espera y de a lo menos 25 años desde que la comunidad científica nos reuniéramos en torno del Comité de Asuntos Espaciales (CAE) de la FACH y se recorriera un camino lleno de dificultades y de incomprensiones, por parte de los tomadores de decisiones, se puede hacer realidad unos de los proyectos, a mi juicio, de la mayor relevancia para el país.
Sin embargo, junto con alegrarnos por el SSOT, tenemos que lamentar, al mismo tiempo, el cierre de la Comisión Asesora Presidencial denominada “Agencia Chilena del Espacio” (ACE) (dependiente de la Subsecretaría de Economía) institución que se transformo en el referente civil de los temas espaciales y la contraparte natural de la coordinación, gestión, desarrollo e  investigación  que requieren las aplicaciones de los datos que genere el SSOT de todo el territorio nacional cada  5, 21 o 37 días (según se programe), para transformarlos en información y luego en conocimiento para los sectores productivos del país.
La Agencia Espacial, como todas las agencias similares de América y del Mundo, cumple una función estratégica de coordinación de las ciencias espaciales y de la comunidad científica nacional y, la vincula  con las organizaciones  internacionales y con la propia organización para  el uso pacífico del espacio ultraterrestre de las Naciones Unidas, permitiendo al país introducir los avances tecnológicos de los países avanzados y ser parte de la comunidad internacional.
Al unir los dos acontecimientos indicados, las preguntas que surgen son variadas, como también  conjeturas respecto de los motivos y falta de visión para no mantener la institucionalidad que existía, que sin ser lo óptimo (por ser sólo una Comisión Asesora),  se entendía como una transición a la creación definitiva de la Agencia Espacial Chilena, la que de hecho asumió en los últimos 10 años un rol central en el impulso de las tecnologías espaciales en el país, cubriendo los campos de la astronomía, astrofísica, medicina espacial, teledetección espacial, geomática, cohetería, robótica,  telecomunicaciones, entre otras. Coordinado, al mismo tiempo, a las instituciones privadas, públicas y universidades en su conjunto.
Todo lo construido desaparecerá  y con ello se crea la incertidumbre del futuro del Sistema Satelital de Observación del Territorio (SSOT), concebido para ser parte de una constelación de satélites conformada por los satélites de estudios de Recursos Naturales  que disponen otros países como Argentina, Brasil, Tailandia,  Italia, Francia, entre otros y cuya sinergia  e intercambio de datos permite responder con éxito a las demandas de emergencias y a los requerimientos de las aplicaciones productivas de los países. De igual forma, de no existir  la Agencia, será muy difícil asegurar  que los datos satelitales tengan impacto en los ciclos de información productiva, sin cuyo impacto no se justifica la continuidad del proyecto, que debería, al mismo tiempo, a más tardar en dos  años más, comenzar a desarrollar el SSOT-FASat Delta, es decir el segundo satélite del programa espacial chileno, tal como es planificado por todos los países que han tomado el desarrollo espacial en serio. Como nada de esto está en la preocupación de los tomadores de decisiones y la actual situación se encuentra en manos sólo de expertos legales, tanto del Ministerio de Economía como de Defensa, sin considerar el aporte de los técnicos, estamos frente  a un futuro incierto, que puesto de otra forma, en el umbral de un derroche de 72,5 millones de dólares, a lo que se suma el coste de operación y las miles de horas profesionales involucradas en el desarrollo del proyecto  y, lo que es peor aún, estamos frente a una comunidad civil (vinculada a las ciencias espaciales) frustrada y   no  considerada.
Roberto Castro Ríos
Director Técnico
Centro Nacional de Información Aeroespacial (CENIA-Chile).
Ex Asesor Técnico
Comisión Asesora Presidencia
Agencia Chilena del Espacio

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